Tras 40 años en el mar gallego, los bidones radioactivos sufren un estado crítico de deterioro. La solución puede ser peor que dejarlo estar
“Ahí abajo no hay vida”. Durante décadas fue casi una leyenda de activistas y oceanógrafos: un vertedero gigante, con centenares de miles de bidones radiactivos, abandonado en la llanura abisal del Atlántico. El problema es que sí había vida y la estaban matando. A poco menos de 300 millas náuticas del cabo Fisterra e...