El Antiguo Mansilla de la Sierra
El pueblo de Mansilla de la Sierra, situado en La Rioja, ha vuelto a la superficie gracias al embalse del Najerilla. Según EFE, el 25 de octubre, el embalse ha dejado al descubierto muros, arcos de roca con musgo y el trazado de varias calles. Antes de que el embalse se llenara, el pueblo estaba a unos 70 kilómetros de Logroño, con sus arcos de piedra y los restos petrificados de los árboles.

La Evolución del Pueblo
El pueblo ya se había mudado. Lo que emerge no es, sin embargo, el origen de Mansilla. Desde 2016, un equipo de arqueólogos ha excavado junto a la ermita de Santa Catalina, el único edificio que quedó en pie en la orilla. Han encontrado tres templos superpuestos y, debajo, un edificio tardorromano. Hay cerámica celtibérica y romana, y un incendio que el carbono 14 sitúa entre los años 576 y 654.
La Muda de Población
El dato importante es que, en el siglo XVI, el vecindario se trasladó a la orilla del río Gatón y la iglesia vieja se convirtió en cantera. Aquel segundo pueblo, el “pueblo viejo”, es el que se llevó el agua en 1960.
El Turismo de Recuerdos
El alcalde, José Manuel Bolo, cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
El Turismo de Recuerdos
El alcalde, José Manuel Bolo, cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
El Turismo de Recuerdos
El alcalde, José Manuel Bolo, cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo, cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo, cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.
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El alcalde, José Manuel Bolo, cuenta que sus mayores tuvieron que “salir corriendo” con los animales cuando el agua ya les llegaba a las rodillas. El pueblo de piedra era rico para la comarca de las Siete Villas, con más de 10.000 cabezas de ganado y 12.407 hectáreas. Hoy el padrón no pasa de 60. Los arqueólogos manejan otra cifra: cerca de quinientos habitantes antes del traslado y menos de ciento cincuenta después.